La técnica que sí funciona.
«Mi hijo se pasa horas estudiando y luego no se acuerda de nada». Es una de las frases que más escucho en consulta. Y casi siempre hay detrás el mismo patrón: leer el tema una y otra vez, subrayar y repasar los resúmenes. Se siente como estudiar, pero la ciencia lleva años diciéndonos que es de las formas menos eficaces de aprender. La buena noticia es que existe una alternativa sencilla, gratuita y al alcance de cualquier alumno de primaria, secundaria o bachillerato.
Por qué releer nos engaña.
Cuando releemos, el texto nos resulta familiar y nuestro cerebro lo interpreta como «me lo sé». Es lo que los investigadores llaman ilusión de competencia: reconocer no es lo mismo que recordar. El día del examen no tenemos el texto delante, así que hay que recuperar la información de la memoria, y eso es justo lo que no hemos practicado.
En 2013, Dunlosky y sus colaboradores publicaron en Psychological Science in the Public Interest una revisión de diez técnicas de estudio muy populares. Las conclusiones fueron claras: la práctica de recuperación (practice testing) y el estudio espaciado obtuvieron la valoración más alta de utilidad, mientras que el subrayado y la relectura quedaron entre las menos útiles. Si te interesa este último punto, lo hablamos en nuestro artículo sobre el subrayado.
Qué es la práctica de recuperación.
Consiste en intentar sacar la información de la memoria sin mirar los apuntes: responder preguntas, explicar el tema en voz alta, escribir todo lo que recordamos o hacer tarjetas de pregunta y respuesta. Cada intento de recordar fortalece el recuerdo, aunque falle.
Roediger y Karpicke (2006, Psychological Science) lo demostraron con estudiantes: quienes dedicaron parte del tiempo a recordar un texto, en lugar de releerlo, retuvieron mucho más una semana después, aunque en el momento inmediato rindieran algo menos. Karpicke y Blunt (2011, Science) fueron más allá: la práctica de recuperación superó incluso a elaborar mapas conceptuales mientras se tenía el texto delante.
Cómo aplicarla en casa, paso a paso.
1. Lee o explica el tema una vez, con atención. Una pasada comprensiva, sin prisas. Si hay dificultades de comprensión, conviene resolverlas antes de memorizar; en Técnicas de estudio efectivas encontrarás más ideas.
2. Cierra el libro y pregunta. Que el alumno intente explicar el tema como si se lo contara a un compañero. Los padres pueden hacer de «alumno curioso»: «¿Y eso por qué pasa?». No hace falta saber del tema.
3. Comprueba y corrige. Después se abren los apuntes y se revisa qué faltaba. Ese hueco es justo lo que hay que reforzar.
4. Crea preguntas propias. Convertir cada apartado en una pregunta («¿Qué causas tuvo…?») ayuda a organizar el contenido y sirve de material de repaso.
5. Espacia los repasos. Mejor 20 minutos en cuatro días distintos que dos horas la víspera. Repasar justo cuando empieza a costar un poco recordar es lo que más consolida.
6. Usa tarjetas y autotests. Funcionan en niños de primaria con juegos de pregunta-respuesta, y en secundaria con tarjetas o preguntas de exámenes anteriores.
Un detalle emocional importante.
Recordar con esfuerzo se siente peor que releer, porque cuesta. Algunos alumnos, sobre todo los más perfeccionistas, pueden frustrarse al fallar. Conviene explicarles que equivocarse durante la práctica no es un fracaso: es la señal de que el aprendizaje está trabajando. Si notas que la autoexigencia o los nervios se disparan, te recomiendo leer sobre autoexigencia y estudio y sobre los errores que impiden un aprendizaje duradero.
Y ojo: en alumnos con dificultades de aprendizaje, TDAH o baja memoria de trabajo, la técnica es igual de válida, pero se adapta: sesiones más cortas, preguntas más guiadas y apoyos visuales.
Para recordar.
- Releer da sensación de seguridad, pero aprende menos.
- Recordar sin mirar, aunque cueste, es lo que fija la información.
- Espaciar los repasos multiplica el efecto.
- Los errores en la práctica son parte del proceso.
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Fuentes:
- Dunlosky, J., Rawson, K. A., Marsh, E. J., Nathan, M. J., & Willingham, D. T. (2013). Improving students’ learning with effective learning techniques. Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4–58.
- Roediger, H. L., & Karpicke, J. D. (2006). Test-enhanced learning: Taking memory tests improves long-term retention. Psychological Science, 17(3), 249–255.
- Karpicke, J. D., & Blunt, J. R. (2011). Retrieval practice produces more learning than elaborative studying with concept mapping. Science, 331(6018), 772–775.
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