¿Qué son y cómo estimularlas en casa?

¿Has notado que tu hijo sabe perfectamente que tiene que hacer los deberes, pero aun así se queda mirando al techo? ¿Empieza las tareas pero no las termina? ¿Pierde los borradores, olvida lo que tenía que estudiar o estalla emocionalmente ante la mínima dificultad? Puede que no sea «dejadez» ni falta de voluntad. Puede que lo que necesita tu hijo sea trabajar sus funciones ejecutivas.

Este término, que suena técnico y complicado, describe algo muy concreto: el conjunto de habilidades mentales que nos permiten planificar, organizarnos, controlar nuestros impulsos y adaptarnos a los cambios. Son, en palabras de la investigadora Adele Diamond (2013), las «funciones del director de orquesta del cerebro». Y cuando no se desarrollan bien, el aprendizaje se convierte en una carrera de obstáculos.


¿Qué son exactamente las funciones ejecutivas?

Las funciones ejecutivas (FE) son un conjunto de procesos cognitivos que residen principalmente en el córtex prefrontal, la parte más evolucionada del cerebro humano. No se desarrollan de golpe: maduran de forma gradual desde la infancia hasta aproximadamente los 25 años, por lo que los niños y adolescentes necesitan apoyo externo mientras las van consolidando.

Existen tres funciones ejecutivas centrales, bien documentadas por la investigación:

1. Control inhibitorio: Es la capacidad de resistir impulsos, distracciones o respuestas automáticas. El niño que levanta la mano antes de hablar, que espera su turno o que puede parar de jugar cuando toca estudiar, está usando el control inhibitorio. Cuando esta función falla, vemos impulsividad, interrupciones constantes o dificultad para seguir normas.

2. Memoria de trabajo: Se trata de la capacidad de mantener información en la mente mientras se usa para otra tarea. Es lo que nos permite escuchar una instrucción y ejecutarla, o recordar el principio de una frase al llegar al final. Los niños con dificultades en esta área suelen parecer «despistados» o perder el hilo con frecuencia.

3. Flexibilidad cognitiva: Es la habilidad de cambiar de perspectiva o de estrategia cuando algo no funciona. Los niños con rigidez cognitiva tienen mucha dificultad ante los cambios de rutina, se bloquean ante los errores o insisten en hacer las cosas siempre de la misma manera.

A partir de estas tres, se desarrollan funciones más complejas como la planificación, la organización, el razonamiento abstracto y la regulación emocional.


¿Por qué son tan importantes para el aprendizaje?

El Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard ha publicado numerosos estudios que muestran que las funciones ejecutivas son mejores predictores del éxito académico que el propio cociente intelectual. No se trata de «ser listo»: se trata de poder usar lo que se sabe.

Un niño con buenas funciones ejecutivas puede:

  • Sentarse a estudiar aunque prefiera hacer otra cosa (control inhibitorio).
  • Recordar los pasos de un problema mientras lo resuelve (memoria de trabajo).
  • Cambiar de estrategia si la primera no funciona (flexibilidad cognitiva).

Y viceversa: muchas de las dificultades que vemos en niños con TDAH, dislexia, discalculia o simplemente bajo rendimiento escolar tienen una relación directa con un desarrollo más lento de las funciones ejecutivas.


¿Cómo saber si mi hijo tiene dificultades en las funciones ejecutivas?

Algunas señales de alerta en niños en edad escolar:

  • Empieza tareas pero no las termina.
  • Pierde objetos con frecuencia (estuche, agenda, ropa).
  • Tiene dificultad para seguir instrucciones de varios pasos.
  • Se frustra fácilmente cuando algo no sale como esperaba.
  • Le cuesta hacer la transición de una actividad a otra.
  • Tarda mucho en «ponerse» a estudiar o a hacer cualquier tarea.
  • Parece no escuchar aunque no tenga problemas de audición.

Si reconoces varios de estos comportamientos en tu hijo, lo más recomendable es realizar una evaluación pedagógica para entender mejor su perfil cognitivo y diseñar un plan de apoyo personalizado.


Actividades para estimular las funciones ejecutivas en casa

La buena noticia es que las funciones ejecutivas se pueden entrenar. La investigación científica muestra que intervenciones específicas durante la infancia y adolescencia tienen un impacto real y duradero. Aquí van algunas ideas prácticas, organizadas por la función que trabajan:

Para la memoria de trabajo:

  • Juegos de memoria (como el clásico «memory») o «¿Qué falta aquí?».
  • Repetir series de números al revés.
  • Pedir al niño que recuerde recados con varios pasos antes de ejecutarlos.
  • Escuchar instrucciones orales y dibujarlas o escribirlas de memoria.

Para el control inhibitorio:

  • El juego de «Simón dice» (hay que inhibir la respuesta cuando no lo dice Simón).
  • Juegos de cartas que requieran esperar turno o no reaccionar impulsivamente.
  • Técnicas de respiración y mindfulness adaptadas a niños.
  • La técnica del semáforo para gestionar las emociones (parar, pensar, actuar).

Para la flexibilidad cognitiva:

  • Juegos de rol donde se intercambian los papeles.
  • Puzles y laberintos donde hay que probar caminos distintos.
  • Lectura de cuentos y análisis de la perspectiva de distintos personajes.
  • Plantear pequeños problemas del día a día con varias soluciones posibles.

Para la planificación y organización:

  • Usar una agenda de forma visual (con colores, pegatinas, dibujos).
  • Dividir las tareas grandes en pasos pequeños y marcarlos al completarlos.
  • Cocinar juntos siguiendo una receta (planificación en acción).
  • Preparar la mochila la noche anterior siguiendo un checklist.

El papel del entorno: no basta con los ejercicios

Una de las claves que la investigación subraya es que las funciones ejecutivas se desarrollan en el contexto relacional y ambiental. Los adultos de referencia —padres, madres, docentes— actúan como «andamios» que sostienen estas habilidades mientras el niño las va interiorizando.

Esto significa que:

  • Las rutinas predecibles ayudan al niño a anticipar y organizarse.
  • Un entorno tranquilo y con pocas distracciones facilita la concentración.
  • Evitar resolver constantemente los problemas por el niño le da la oportunidad de desarrollar su propia flexibilidad y planificación.
  • Nombrar y validar las emociones contribuye al desarrollo del control inhibitorio.

¿Cuándo pedir ayuda profesional?

Si las dificultades son persistentes, afectan al rendimiento escolar o están generando mucho malestar en el niño o en la familia, lo más recomendable es acudir a un pedagogo o psicopedagogo. Un profesional podrá:

  1. Evaluar el perfil cognitivo del niño de forma individualizada.
  2. Identificar qué funciones ejecutivas necesitan más apoyo.
  3. Diseñar un programa de intervención específico.
  4. Orientar a la familia sobre cómo acompañar el proceso en casa.

En Clases con Ali trabajamos la estimulación cognitiva y las funciones ejecutivas de forma personalizada, adaptándonos a las necesidades de cada niño o adolescente. Si crees que tu hijo podría beneficiarse de este tipo de apoyo, puedes ponerte en contacto conmigo para una primera consulta.


Conclusión

Las funciones ejecutivas no son un don con el que se nace o no: son habilidades que se desarrollan, se entrenan y se aprenden. Con el acompañamiento adecuado —en casa y con profesionales especializados—, cualquier niño puede mejorar su capacidad de organizarse, planificar y gestionar sus impulsos.

Si tu hijo lucha cada día con las tareas escolares, antes de etiquetarlo de «despistado» o «vago», pregúntate: ¿está recibiendo el apoyo que necesita para desarrollar sus funciones ejecutivas?

👉 ¿Quieres saber más? Escríbeme y empezamos juntos.


Referencias:

  • Diamond, A. (2013). Executive functions. Annual Review of Psychology, 64, 135–168.
  • Center on the Developing Child, Harvard University (2011). Building the Brain’s «Air Traffic Control» System: How Early Experiences Shape the Development of Executive Function.
  • Zelazo, P. D., & Müller, U. (2002). Executive function in typical and atypical development. In U. Goswami (Ed.), Handbook of childhood cognitive development. Blackwell.

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